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lunes, 26 de octubre de 2020

PROBLEMÁTICA DE LA APLICACIÓN DE LA PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES EN BOMBEROS

Problemática en la aplicación de la PRL

Desde el punto de vista de muchos profesionales de la emergencia, la legislación europea en materia de prevención de riesgos laborales no se ajusta a nuestro trabajo, está pensada para trabajos "ordinarios" en los que se conocen las características concretas del lugar de trabajo, los riesgos del puesto de trabajo son perfectamente conocidos y evaluables, y afectan a las relaciones entre el trabajador, el empresario y el producto final; en la emergencia existe un tercer factor a considerar, LA VÍCTIMA. Seguidamente desarrollo una serie de cuestiones que inciden en esta problemática:

1. Falta de información
: en la gran mayoría de situaciones, la información que tienen los bomberos es muy limitada, el mando tiene que trabajar para conseguirla, intentado que sea, relevante, precisa y oportuna. Hay que añadir que esta falta de información, suele venir envuelta en un exceso de información, que no es relevante, ni precisa ni oportuna y que a menudo entra por todos los sentidos, la vista por la observación exterior, la verbal de testigos, víctimas, servicios policiales, servicios sanitarios, los propios bomberos, la emisora, etc., incluso las sensaciones térmicas del entorno y el cansancio influyen.

2.   Falta de tiempo: la urgencia de la situación implica que no hay tiempo suficiente para recabar toda la información que permita evaluar los riesgos presentes en el escenario, por lo que se tiene que trabajar con los riesgos previsibles y probables, no con los imaginables e improbables, lo que no quiere decir que no existan. Por ejemplo, es poco probable que en una vivienda incendiada nos vayamos a encontrar con una botella de acetileno, cuya explosión, podría fácilmente provocar un daño estructural y el colapso del edificio, con el consiguiente “muy elevado riesgo” para cualquier equipo en el interior, con esta premisa, nunca realizaríamos un ataque directo en un incendio de vivienda; podemos suponer que en el 99% de la situaciones no habrá acetileno, por eso se contempla el ataque directo en la mayoría de situaciones, no obstante hemos encontrado incendios de vivienda en los que ha aparecido una botellas de acetileno.

3. Incertidumbre: la falta de información y de tiempo para conseguirla, genera incertidumbre, con la que ha de convivir el bombero, para lo cual ha de anticiparse a los posibles sucesos, no trabaja en tiempo real, sino a lo esperado a corto tiempo, esto no deja de tener un componente aleatorio imposible de predecir. Súmese a la toma de decisiones con incertidumbre, la presión social entorno a la intervención y que psicológicamente puede influir en esas decisiones, en especial afecta al mando a cargo de la intervención, que corre el riesgo (y la tentación) de evadirse de la presión focalizándose en una tarea concreta (efecto “túnel”), como si fuera un bombero más, con la consiguiente pérdida de visión global y en especial de su función de seguridad como “recurso preventivo” que finalmente es.

4.  Evolución continua: en cuestión de minutos, en ocasiones, segundos, los riesgos evolucionan en el espacio y/o en el tiempo, de forma que una situación segura en la que se inicia un trabajo, se convierte en insegura; suele aplicarse en la dirección y control de siniestros, lo que denominamos evaluación dinámica del riesgo, que no es otra cosa más que, prever en un determinado lugar en que momento la situación va a cambiar a favor o en contra, para aplicar determinada táctica. De alguna forma, este hecho obliga al mando a disponer siempre de planes alternativos y entre ellos de un plan de seguridad que llamamos Plan SOS.

5.  Conflicto moral: afortunadamente, no se dan con tanta frecuencia como podría pensarse, pero a veces sucede. Siempre se nos ha dicho en la profesión que el nivel de riesgo al que podemos someter al bombero, o al que él libremente se someta, debe ser proporcional al beneficio a conseguir, y solo se admite sobrepasar el nivel marcado, si se trata de salvar vidas humanas; en cuestión de segundos puede ser necesario tomar esa decisión de forma consciente, lo que puede suponer saltarse alguna de las medidas de seguridad estipuladas.

A mi juicio, la actual Ley de PRL, contempla tres aspectos muy definidos en su desarrollo, un marco de trabajo concreto, del que se pueden tener muy claros los riesgos y son relativamente estables, un empresario que busca unos beneficios razonables de ese trabajo debiendo aplicar unas medidas de seguridad igualmente razonables y unos trabajadores que deben realizar el trabajo, consiguiendo un beneficio para el empresario, pero dentro del marco de su propia seguridad.

En el escenario contemplado para el bombero, existe un tercer actor, la víctima, que no encaja siempre en la ecuación, es por ello que, en algunos países, la prevención de riesgos laborales exceptúa estas situaciones, admitiendo la posibilidad legal de saltarse algún procedimiento de forma controlada, cuando hay vidas en riesgo; algo similar a la excepción que existe en España al respecto de la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad el Estado, o a la excepción prevista en caso de “grave riesgo, catástrofe o calamidad pública”, que si contempla la Ley para los Servicios de Protección Civil (Ley 31/1995, Capítulo I Artículo 3.2), el problema radica en la interpretación de “grave riesgo”; antiguamente se utilizaba para justificar, en casi cualquier actuación, el incumplimiento en materia de PRL, actualmente sucede lo contrario y se ha generalizado una interpretación muy restrictiva, atendiendo a que por una parte la Ley 17/2015, de 9 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil en su Título I Artículo 2 define riesgo como “…la posibilidad de que una amenaza llegue a afectar a colectivos de personas o a bienes.”, y por otra parte la Escuela Nacional de Protección Civil en su Introducción al Sistema Español de Protección Civil y Emergencias de 2013, define “grave riesgos” como: “Situación en la que se perciben con notoriedad los elementos que pueden provocar el nacimiento de un peligro grave, o lo que es lo mismo, la posibilidad de que ocurra algún suceso que ponga en peligro masivo la vida y/o los bienes de los ciudadanos”. (pag.39); así pues, parece que tiende a generalizarse esta interpretación, de tal forma que tendría que haber un riesgo importante de vidas y bienes para considerarse la exención.

Cabe señalar por una parte una sentencia del Tribunal Superior de Justicia UE de 12 de enero de 2006, que especifica que la Directiva 89/391 debe entenderse de manera amplia, las excepciones de manera restrictiva y que “Cave aplicar la directiva 89/391 a cometidos que se realizan en condiciones habituales, aun cuando las intervenciones derivadas de dichas actividades sean, por su propia naturales, imprevisibles y puedan exponer a los trabajadores que las realicen a algunos riesgos para su seguridad y/o su salud.”

Existe, además, un informe del Ministerio de Trabajo, con fecha 30 de marzo de 2007, sobre la exclusión contemplada en el artículo 3.2 de la Ley de PRL, que especifica que la exclusión se aplica a “grave riesgo colectivo”.

No se encuentra jurisprudencia al respecto, para esos casos en los que puede haber alguna vida en juego o pérdidas catastróficas de bienes; si existen sentencias por accidentes de bomberos en intervenciones en las que no había ninguna vida en juego, y tendrían que haberse tomado medidas de prevención.

En definitiva y considerando la ambigüedad de la definición, la aplicación de la Ley de PRL debe generalizarse en todos los ámbitos de actuación de bomberos, no obstante, debería resolverse esa cierta ambigüedad, para aquellas contadas situaciones en las que un retraso en la actuación, por exigencias de la PRL, llevaría a la pérdida de alguna vida humana o a una escalada grave del siniestro que implicara situaciones desastrosas, que finalmente prolongarían la actuación y por tanto incrementarían también la posibilidad de accidente del bombero.

Procedimientos Operativos Estándar II

Es un documento simplificado, de rápida consulta, en el que básicamente se regula la metodología de trabajo para cada intervención tipo, desde la recepción de la llamada en la CECOP, hasta la retirada de regreso al Parque, dividida en pasoso o fases, de acuerdo con el esquema adjunto.

Seguidamente desarrollo el POE específico de intervenciones en Incendio Estructurales de uso Residencial:

FASE 1: ACTIVACIÓN

El Operador de CECOP recibe la llamada y comienza un proceso de interrogación, con los primeros datos esenciales (quién llama, de que se trata y donde) se realiza una primera tipificación el suceso, por ejemplo “incendio en edificio de viviendas” en la calle xxx y llama un transeúnte, mientras recaba más datos se activa un primer nivel de alarma que implica la activación de unos recursos preestablecidos (tren de respuesta), en este caso una BUP, una AEA y el Subjefe de Guardia (J.3.1).

Mientras tanto continua el proceso de interrogación para completar datos, como, por ejemplo, si hay gente atrapada, si las llamas salen al exterior o es solo humo, altura de la planta afectada, cuantas plantas tiene por encima, etc. De este proceso de interrogación puede resultar una re-tipificación del nivel de alarma y pasar por ejemplo a un nivel dos si la altura del incendio es superior a una 5 planta, lo que conlleva completar los recursos activados, en este caso con una segunda BUP, otra AEA y el Jefe de Guardia.

Este proceso se mantiene vivo a través de las comunicaciones por radio, puede motivar el incremento a un tercer nivel de alarma o, al contrario, reducirlo.

Además, si el Operador en contacto con el solicitante lo considera, puede dar pautas de comportamiento a un afectado, como “salga inmediatamente de la vivienda dejando todas las puertas cerradas, agáchese si hay humo, hágase visible en una ventana exterior si no puede salir…”

Ante cualquier duda el Operador tendrá el apoyo el Jefe de Turno y de un Jefe de Guardia en CECOP.

De camino al incendio, el BC hará uso comedido de los prioritarios (Sirena y rotativos), sabiendo que tiene la prioridad de paso que le otorga el código de la circulación, pero asumiendo la responsabilidad de dicho uso.

El mando (A.xy) inicia un proceso mental de preparación de la intervención, recordando la asignación de funciones previas a los BBs, en todo momento los recursos despachados, están en comunicación entre ellos y con CECOP para completar la información disponible.

En la aproximación al incendio comienza un proceso inicial de evaluación del entorno, accesos, estado del tráfico, condiciones climatológicas, evolución de la columna de humo, presencia de sanitarios…

Con esos primeros datos decide el emplazamiento de los vehículos a su cargo, teniendo en cuenta que no debe situarlos demasiado cerca, comprometiendo, no solo la seguridad de los vehículos, sino la maniobrabilidad del mismo. Es lo que se denomina zonificación del incendio, estableciendo en esencia una zona caliente, de máximo riesgo, donde solo puede penetrar personal con el EPI descrito, y solo los equipos suficientes para el trabajo asignado, y del que hay que retirar o proteger al público. Anexa a la zona caliente, se encuentra la zona templada, es la zona de apoyo al personal en zona caliente, donde se emplazan los vehículos, discurren los tendidos de manguera, se preparan las herramientas necesarias, y en la que solo debe haber bomberos con EPI más ligero, (existe un nivel de riesgo muy inferior al de la zona caliente pero aún es considerable ) en esencia, sin ERA o con ERA sin conectar; en esta zona templada, suele establecerse el mando (Jefe de Intervención), para disponer de una visión global del incendio y su entorno. El siguiente espacio contiguo a la zona templada, constituye la zona fría, a priori es una zona de control de accesos, se ubicarían los recursos sanitarios y abarcaría hasta un cordón externo de control policial, debe ser una zona segura.

Se da la clave de llegada a CECOP y comienza la siguiente fase del procedimiento.

FASE 2: EVALUACIÓN

Una vez “pie en tierra”, comienza el proceso de evaluación propiamente dicho, debe, el mando principalmente, identificar en primer lugar aquellas situaciones que requieran una intervención rápida especialmente urgente (lo que no puede esperar), son situaciones de riesgo vital inmediato o que de no atajarse se producirá una escalada catastrófica del incidente, con el consiguiente incremento del riesgo para los bomberos y para potenciales víctimas.

Me refiero, por ejemplo, a la presencia de víctimas en ventanas en el piso incendiado o un fuego en fachada que asciende amenazando con penetrar en el piso superior, motivara el emplazamiento urgente de la AEA para efectuar el rescate y confección de un tendido corto para proteger con agua la fachada…

Atendidas esas acciones urgentes, si las hubiera, el mando, mientras los BBs se equipan y preparan el material de acuerdo con los puestos pre-asignados (BC1, BB1, BB2…), dispone de unos minutos, hablo de 3 o 4 minutos, para realizar esa primera evaluación que le permita elaborar su plan de acción.

Aparte de la evaluación directa, denominada 360º, ya que debe completar, en la medida de lo posible todas las fachadas del edificio, comprende la interrogación de testigos, víctimas, propietarios, conserjes…, procurará ordenar y seleccionar la gran cantidad de información que le va a “bombardear”, buscando la que sea veraz, precisa y oportuna.

La evaluación del siniestro, incluye obviamente, una evaluación de riesgos, suele denominarse en la profesión como “análisis dinámico de riesgos” ya que, como veremos en el siguiente punto, los riesgos pueden cambiar en cuestión de minutos incluso segundos.

Este proceso de evaluación es continuo, se mantiene a lo largo de toda la intervención, ya que las condiciones son cambiantes y tiene, además, que evaluar la eficacia de las acciones acometidas.

FASE 3: PLANIFICACIÓN

Obtenida la información esencial, el mando establece su plan, en primer lugar, ha de decidir la táctica general, ofensiva, defensivo o mixta. La táctica ofensiva supone el ataque directo al incendio, la táctica defensiva supone contener para que el fuego permanezca confinado y la mixta supone implementar una técnica de ataque y simultáneamente otra de contención.

En esta planificación ha de decidir las prioridades de acuerdo con las limitaciones de personal y medios, técnicas a aplicas, control de equipos: cuestiones como evacuación o confinamiento de los ocupantes, rastreo de cajas de escalera, extinción interior o exterior, rescates, búsqueda de desaparecidos, ventilación de humos, diámetro y longitud de tendidos, configuración de la ventilación y un sinfín de acciones que sería muy extenso enumerar.

El Plan, ha de ser factible y manejable con los recursos presentes, adaptable a la evolución previsible y a los recursos en camino, con acciones asignadas a un lugar concreto y un tiempo previsto, debe anticiparse a la progresión del fuego y los humos, y, sobre todo, seguro para los equipos.

Dentro del Plan de intervención, el mando debe contemplar las medidas de seguridad (plan de prevención) estipuladas para cada zona y riesgo, así como establecer un Plan SOS para activar en caso de accidente de algún miembro del equipo (Plan de emergencia en la emergencia).

Con el proceso de evaluación continua, el mando somete constantemente su Plan a supervisión, tanto para asegurarse que se ejecuta correctamente, como para verificar su eficacia; en todo momento ha de estar en disposición de introducir correcciones o retirarse y aplicar un nuevo Plan.

FASE 4: EJECUCIÓN

El Jefe de Intervención ha de convertir el plan que ha ideado, en acciones concretas, para ello, transmite órdenes verbales, dada la urgencia del trabajo, aunque puede aceptar, incluso pedir sugerencias, el trabajo no admite discusiones, en este caso el liderazgo ha de ser impositivo, con órdenes claras, concisas, tareas concretas, identificando el lugar, los medios y la forma de llevarlo a cabo, organizando equipos de trabajo que para el nivel de primera alarma con una dotación de 1+6 (un mando y 6 bomberos) en un incendio estructural en edificio residencial, podríamos resumir en las siguientes tareas, a modo de ejemplo para las primeras acciones en un plan táctico combinado, de equipo 1 en ataque directo por caja de escalera penetrando por la puerta principal de la vivienda incendiada, para localización del foco, rastreo en busaca de víctimas no confirmadas; y equipo 2 para emplazamiento de la auto-escala, desplegando un tendido de 45Ø, para rotura de ventanas exteriores y rebaja de la intensidad del fuego:

Equipo de ataque E.1: BB1 + BB2, con el EPI (ERA conectado) completo, lanza, cámara térmica, herramienta para forzar puertas y dos tramos de manguera ascienden a nivel de planta incendiada, confeccionando tendido seco de arriba hacia abajo (zona con visibilidad).

Equipo de apoyo E.2: BC1 y BB3, confeccionan tendido desde la bomba hasta la entrada a la vivienda, continuando el BB3 con EPI completo hasta el tendido confeccionado por BB1 y BB2, el BC1 abastece el tendido.

Equipo aéreo E.3: BC2 y BB4, montan un tendido desde la bomba a la cesta de la AEA, el BC2 maneja la escalera y el BB4 con EPI completo dirige un chorro sólido en la aproximación de las ventanas de la estancia incendiada (si están rotas, sino las parte con un bichero). Al objeto de reducir las calorías y facilitar la supervivencia de posibles víctimas y facilitar la entrada del E.1.

Serían las órdenes y reparto de tareas de un Plan de intervención, que abarca los primeros momentos de la actuación.

FASE 5: SUPERVISIÓN

Las acciones están en marcha, el mando permanece atento a las comunicaciones “hacia adentro”, en un canal de radio directo con los tres equipos en acción, independientemente de las órdenes dadas, los equipos tienen capacidad para modificarlas, en especial el E.1 en zona caliente, puede encontrarse dificultades o nuevas informaciones que varíen las órdenes recibidas y viceversa, el mando puede obtener una nueva información que modifique supla o tenga de variar las órdenes iniciales, por ejemplo en el supuesto planteado, el E.1 escucha gente tosiendo en nivel superior en la caja de escalera, abandonan el ataque a la vivienda y se dirigen al rescate comunicando al mando la decisión.

Por otra parte, A.xy tiene que coordinar a los tres equipos, comprobando que no le falta apoyo en los tendidos que es función del BB.3, que la presión que impulsa el BC.1 es la adecuada y que el E.3 está consiguiendo rebajar la intensidad del fuego.

Por otra parte, tiene que conseguir un tiempo para transmitir una información mínima a CECOP y a las posibles dotaciones en camino, son las comunicaciones “hacia afuera” (La cadena de mandos llevan dos emisoras portátiles), esencialmente para confirmar los recursos en camino, solicitar más recursos, anular recursos y la descripción básica del suceso y las acciones (informe flash).

Si llega un mando de mayor graduación (J.3.1), se produce lo que denominamos toma de mando, es el traspaso del mando al superior apoyado por los datos disponibles, acciones en curso y acciones previstas, el nuevo Jefe de Intervención, asignara un sector de trabajo a A.xy, por ejemplo Sector funcional: SEGURIDAD, centrándose su actuación a controlar los factores de riesgo de la intervención.

FASE 6: FINALIZACIÓN

Curiosamente, en esta fase suceden accidentes con cierta frecuencia, incluso accidentes graves, el siniestro está controlado y finalizado, es una fase de limpieza o saneamiento de estructuras, remate de rescoldos, recogida de equipos, etc., a menudo se relaja la atención y las medidas de seguridad, al mismo tiempo el personal está cansado, incluso los mandos sufren una caída de atención fruto del estrés mental sostenido; en fin, todos los ingredientes para que ocurra un evento no deseado, ha de insistirse en la formación del mando para que no descuiden esta fase de la intervención.

Además, en esta fase el mando puede estar ocupado en la toma de datos para el posterior informe, con lo que puede reducirse su dedicación al operativo, en este caso podría delegar la función en un bombero veterano o más descansado.

Esta fase se prolonga de camino al Parque y una vez en el Parque ha de procederse a la revisión y limpieza de equipos, sustitución de elementos gastados (botellas de aires), dejando todo en perfecto estado.

Es una práctica aconsejable, reunir a la dotación en el aula y comentar sobre el siniestro los puntos débiles y fuertes de la actuación, en modo de discusión abierta y constructiva, juzgando actos no personas y obteniendo conclusiones que enriquezcan al turno.